viernes, 14 de octubre de 2011

Forgeons notre parti

El miércoles por la tarde, en menos del tiempo que duró el viaje entre Pontevedra y A Coruña, me leí "Indignez-vous", el ya tan famoso manifiesto de Stéphane Hessel. Digo "Indignez-vous" y no "Indignaos" porque, en un arrebato de gafapastismo, decidí comprar por Internet la edición francesa del libro.

Tenía preparados algunos comentarios acerca de los valores que defiende Hessel, de cómo las ideas surgidas en los debates políticos del Consejo de la Resistencia Francesa durante la Segunda Guerra Mundial intentaron influir en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de cómo el progreso hacia una verdadera democracia no se entiende sin una auténtica libertad individual... Desgraciadamente, la nueva interfaz de Blogger me jugó una mala pasada y perdí el borrador de la entrada donde había escrito mis reflexiones (básicamente pensé que hacía guardado automático, como la anterior versión, pero por defecto no parece ser así).

Para compensar, os dejo un vídeo que hace ya algún tiempo que vi y que me vino automáticamente a la mente nada más leer los primeros párrafos de la obra. Se trata de "Forgeons notre parti", himno de los comunistas canadienses (al menos de los francófonos, jeje):


La letra, en español, viene a decir algo más o menos así:

Los burgueses no son más que unos bandidos,
roban y matan a los trabajadores para tener beneficios.
Pero unidos como en un gran ejército
aplastaremos a la burguesía, nada nos puede parar.

Hermanos y hermanas de la clase obrera,
los capitalistas van a temblar ante nuestra cólera.
Como una masa nos alzaremos,
para romper para siempre las cadenas de la explotación.

¡Proletarios, forjemos nuestro partido!
Para dirigir nuestra lucha y vencer al enemigo.
El verdadero partido marxista-leninista,
para barrer a todos los traidores y los oportunistas.

Hermanos y hermanas de la clase obrera,
los capitalistas van a temblar ante nuestra cólera.
Como una masa nos alzaremos,
para romper para siempre las cadenas de la explotación.

En todas las ciudades, en todas las industrias,
de Montréal a Toronto, como en la Columbia,
nuestro canto hara palidecer a los ministros:
El canto de los obreros, ¡revolución socialista!