domingo, 8 de mayo de 2011

Crónica de una muerte anunciada

¡Hai que roelo! Ese lema por el que el Pontevedra CF es conocido entre los aficionados el fútbol ha perdido hoy toda su vigencia.

Si por algo se caracterizaba el Pontevedra era por ser un equipo luchador, un equipo que nunca bajaba los brazos tuviese a quien tuviese delante. Ese fue el espíritu que lo llevó a jugar con los grandes en la década de los 60.

Después de aquello vinieron años grises, con pequeñas alegrías en algunos momentos en forma de clasificaciones mas que esporádicas para alguna fase de ascenso. En esa tesitura estaba el equipo en la última jornada de la temporada 2000-2001, año en que acabó en un anodino 14º puesto.

Sin embargo, ese verano, algo sucedió. Los nuevos fichajes que iban llegando iban dándole otro aire al equipo, el fútbol que practicaban era más que vistoso para tratarse de un club de Segunda B, y todos empezamos a creer que ese año haríamos algo grande. Y, en cierto modo, así fue.

La temporada 2001-2002 acabó con el Pontevedra clasificado, después de varios años sin haberlo conseguido, para una fase de ascenso a Segunda. Aquella vez no se consiguió, pero el equipo se convirtió en fijo de las liguillas de ascenso al final de cada temporada. Los primeros intentos acabaron frustrados por equipos como el Almería, el Real Madrid B de Portillo, el Castellón (asco de árbitros), etc.

Todo cambiaría el verano de 2004. En la última jornada arrebatamos el liderato al Racing de Ferrol al ganarles 2-1 en Pasarón, con lo que partíamos con la ventaja de ser primeros en el sorteo de aquella fase de ascenso. Los equipos que tocaron fueron Lorca, Mirandés y Badajoz. Con algún que otro sufrimiento, se consiguió el ansiado ascenso en el último partido, ganando al Lorca en Pasarón por 3 a 0.


La primera temporada en Segunda después casi 30 años empezó con esperanzas, ya que hubo alguna que otra victoria sonada, como por ejemplo en Valladolid. Al final las aguas volvieron a su cauce, y el Pontevedra cayó a la zona caliente de la tabla, de donde no consiguió salir pese a grandes partidos como la remontada en Pasarón ante un Celta que se veía acosado por sus rivales en los puestos de ascenso a Primera.


Pese al regreso a Segunda B, el equipo supo reponerse y se mantuvo en la zona alta de la tabla hasta hace un par de años, momento en que las cosas empezaron a flaquear. La temporada pasada fue mediocre, pero la combinación de una racha de buenos resultados y la benevolencia del calendario nos hizo vernos de nuevo en una más que inesperada eliminatoria de ascenso contra el Oviedo (de la que ya hablé en el blog). Con mucho esfuerzo la superamos, pero en la siguiente ronda el Alcorcón y el árbitro se encargaron de cortarnos las alas.

Y, por fin, llegamos a la temporada actual. Las cosas no empezaron bien, pero nadie sabía el reventón que iba a pegar el club desde el punto de vista institucional: chanchullos del director general, jugadores y empleados que llevaban meses y meses sin cobrar... Nos habían vendido que el Pontevedra era un modelo de gestión, que era el club más saneado de Galicia, y al final el dinero desapareció de la caja.

Pese al cambio de junta directiva, la situación resultó irreversible. El club bajó los brazos, se olvidó de su lema y se ha dejado llevar. ¿Resultado? El que muchos ya conocéis. Después de 30 años, volvemos al infierno de la Tercera División. Y lo que es peor, con mucha inseguridad institucional. Ya veremos lo que nos depara la pretemporada: quién se va, quién se queda, quién nos denuncia por impago, y sobre todo, si seguiremos existiendo o no después de 70 años de historia.

Ahora no queda más remedio que intentar levantarse y asumir que esto no es un mal sueño. El año que viene estaremos en Tercera División, o no. ¡Forza Pontevedra¡ ¡Hai que roelo!

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