martes, 22 de marzo de 2011

Sobrevolando el terremoto

A continuación os dejo la traducción de la crónica que ha hecho el piloto de un Boeing 767 de Delta Airlines que se disponía a iniciar la maniobra de aproximación al aeropuerto de Tokio-Narita en el momento en que se desataba el terremoto y posterior tsunami que afectó a Japón el viernes 11 de marzo de 2011:

Sigo entero, escribiendo desde mi habitación en el hotel de tripulación del aeropuerto de Tokio-Narita. Son las 8 de la mañana. Este ha sido mi viaje inaugural transpacífico como flamante y nuevo capitán de un 767, y ha sido como mínimo, muy interesante. He cruzado el Atlántico tres veces así que estoy familiarizado con los procedimientos de vuelo oceánico.

A todo esto, genial el paisaje sobrevolando las Islas Aleutianas. Todo estaba yendo bien hasta que comenzamos el descenso a unas 100 millas de Tokio. La primera indicación de problemas fue que el control de tráfico aéreo japonés comenzó a ponernos a todos los vuelos en espera. Al principio pensamos que se trataba de la congestión habitual. Entonces recibimos mensajes desde la compañía aérea acerca del terremoto, seguidos de otros relacionados con el aeropuerto de Narita avisando de que éste estaba cerrado temporalmente para proceder a su inspección y se esperaba que fuese reabierto en poco tiempo (la compañía siempre tan positiva...).

Desde nuestra perspectiva obviamente las cosas parecían diferentes. El nivel de ansiedad del controlador japonés parecía bastante alto y nos dijo que nos mantuviéramos en espera durante tiempo "indefinido". Nadie se comprometía a dar alguna referencia horaria, de modo que mi copiloto, el piloto de reserva y yo comenzamos a pensar en alternativas de aterrizaje y en cuál era la situación del carburante, dado que, después de un vuelo transoceánico, el nivel del mismo suele ser bajo.

No pasó mucho tiempo, quizás unos diez minutos, antes de que los primeros pilotos comenzasen a solicitar desvíos a otros aeropuertos. Varios vuelos de Air Canada, American Airlines, United, etc. informaban de situaciones de carburante bajo mínimos. Yo todavía tenía combustible suficiente para hora y media o dos horas de espera. Huelga decir que la concesión de los desvíos comenzó a complicar la situación. El control de tráfico aéreo japonés anunció entonces que Narita estaba cerrado indefinidamente debido a los daños. Los aviones comenzaron inmediatamente a solicitar aterrizajes en Tokio-Haneda, hacia donde fueron desviados en un principio media docena de vuelos de JAL y algunas compañías occidentales. Sin embargo, poco después el ATC anunció que Haneda acababa de ser cerrado...

Ahora, en lugar de esperar, era necesario comenzar a buscar alternativas más lejanas como Osaka o Nagoya. El problema es que un gran avión comercial no puede aterrizar en cualquier aeropuerto, por pequeño que sea, sino que suele necesitar pistas bastante largas. Con más aviones llegando tanto del Este como del Oeste, y muchos con la necesidad de aterrizar debido al nivel crítico de combustible, el ATC comenzó a saturarse. En medio del desorden, y sin esperar a que la situación del carburante de mi avión fuese crítica, conseguí que mi vuelo fuese autorizado a dirigirse hacia Nagoya, de modo que la situación de combustible no llegaría a ser crítica. Todo perfecto. Poco minutos después de variar el rumbo, desde el ATC me "ordenaron" que retrocediese. Nagoya estaba saturado de tráfico y no podía gestionar más vuelos. Habría entonces que intentar que nos desviasen a Osaka...

Después de esto, mi situación de combustible pasó de aceptable a mínima, teniendo en cuenta que el desvío nos llevaba muchos más lejos de lo calculado. Ahora piensa en esta situación multiplicada por una docena de aviones con el mismo problema, todos solicitando a la vez autorización al ATC para aterrizar en alguna parte. Incluso un Air Canada y algún otro declararon situación de "emergencia" debido a los niveles de combustible. Los aviones comenzaron a dirigirse hacia bases de las fuerzas aéreas. La más cercana a Tokio era Yokoda. Avisé de mis intenciones de volar hacia allí, la respuesta: ¡Yokoda está cerrado!, no queda sitio.

La confusión se apoderó de la cabina: mi copiloto atento a la radio, yo pilotando a la vez que intentaba tomar alguna decisión y el piloto de reserva sepultado entre cartas de navegación aérea intentando averiguar adónde podíamos dirigirnos dentro del alcance que nos proporcionaba el combustible que teníamos; todo esto a la vez que se enviaban y recibían mensajes a las oficinas de la compañía en Atlanta. Escogí la base de Misawa, en el extremo norte de la isla de Honshu. Podíamos haber llegado allí con el poco combustible que nos quedaba. El ATC estaba feliz de librarse de nosotros y así desaparecer del caos de la región de Tokio. Oímos también cómo el ATC intentaba enviar a varios aviones hacia Sendai, un pequeño aeropuerto regional en la costa que pensé sería el último en ser barrido por un tsunami.

Desde Atlanta nos enviaron un mensaje preguntándonos si queríamos continuar hacia el aeropuerto de Chitose en la isla de Hokkaido, al norte de Honshu. Otros vuelos de Delta seguían ese camino. De repente, de nuevo el caos en cabina. Comprobamos el tiempo, las cartas de navegación, el combustible... todo bien. Estábamos seguros de que el combustible no caería a niveles críticos... siempre y cuando no tuviésemos que desviarnos otra vez. Mientras nos aproximábamos a Misawa nos concedieron autorización para seguir hasta Chitose. Proceso de decisión crítica. Veamos -tratando de colaborar con la compañía-, el avión sobrevuela un aeropuerto perfecto para aterrizar para finalmente hacerlo en otro más alejado... Imaginaos cómo quedaría eso en el informe de seguridad si algo saliese mal.

De repente el ATC reaparece y nos da un vector para llegar a Chitose por un camino mucho más corto, a la vez que nos pide que sigamos a la espera de instrucciones. La pesadilla se ha hecho realidad. La situación se deteriora por momentos. Después de haber esperado cerca de Tokio, habernos desviado a Nagoya, vuelto atrás de nuevo a Tokio para volver a desviarnos hacia el norte hacia Misawa, toda esa genial reserva de combustible que tenía se estaba vaporizando rápidamente. La siguiente conversación que tuve fue algo como esto: "Control de Sapporo, Delta XX solicitando autorización inmediata hacia Chitose, mínimo combustible, imposible esperar".

"Negative Ghost-Rider, the Pattern is full" (cita de Top Gun) "Control de Sapporo, entérense, aquí Delta XX declarando emergencia, combustible bajo, dirigiéndose hacia Chitose"

"Roger Delta XX, entendido, autorizado para dirigirse a Chitose, contacte con Chitose para aproximación ... etc ..."

Simplemente pensé que ya había sido suficiente, así que tuve que anticiparme a la posibilidad de entrar en niveles críticos de combustible ante cualquier nueva solicitud de espera, sobre todo después de rodear Misawa, y jugué mi última carta... declarar una emergencia. El problema está en que por culpa de eso ahora me voy a ver envuelto en algo de papeleo con la compañía pero... ¡qué demonios!

Y así fue, aterrizamos sanos y salvos en Chitose, con combustible para unos 30 minutos antes de alcanzar una "verdadera" situación de emergencia. Siempre es agradable sentirse seguro. Nos remolcaron hacia una zona remota de parking donde apagamos los motores y vimos como una docena de aviones, incluso más, comenzaban a llegar. Al final, Delta reunió en Chitose dos 747, mi 767 y otro más, y un 777. Vimos también dos aviones de American Airlines, uno de United y otros dos de Air Canada. Sobra mencionar que también llegaron varios aviones de All Nippon y Japan Airlines.

Postdata - 9 horas después: Japan Airlines por fin ha conseguido una escalerilla para que podamos bajar y pasar por la aduana... Eso ya es otra historia. Por cierto, mientras escribo esto, he notado cuatro réplicas del terrremoto que han agitado sensiblemente el hotel, y todo en 45 minutos.

Visto a través de Google Reader en Aerotrastornados.

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