jueves, 31 de marzo de 2011

Hasta los cojones

Hoy ha caído la gota que, 23 años después, ha colmado el vaso de mi frustración. Ha sido por una tontería, hace un par de días hice un mal gesto con una pierna y hoy me he tenido que arrastrar muchísimo más de la cuenta para poder intentar jugar nuestra segunda pachanga de los jueves. Sinceramente fui porque si no dejaba tirados a los otros 9 que habían quedado, pero viendo el resultado creo que hubiese dado exactamente lo mismo...

Estoy harto, simple y llanamente harto. Harto de que todos los que me rodean tengan, al menos aparentemente, una vida mejor que la mía. Todos tienen un grupo de verdaderos amigos, aficiones interesantes que les permiten sentirse realizados... En cambio yo, que no he matado a nadie, intento ser buena gente y cumplir con mis obligaciones, no tengo nada de eso y mi vida no pasa de ser una farsa mediocre, y eso siendo generoso. Empiezo:

En cuanto a los amigos, es difícil tenerlos cuando desde el primer día de colegio quedas marcado como un empollón. Los pocos que a lo largo de mi vida escolar se me fueron acercando lo hicieron en mayor o menor medida por interés, y cuando me fui haciendo mayor y empecé a darme cuenta de los detalles descubrí que muchos de los que decían ser mis amigos en el fondo lo eran por lástima, porque les vino el sentido común de golpe y se dieron cuenta de que no era tan odioso como ellos pensaban. Una de las metas que me propuse al llegar va ya para 6 años a la Universidad fue romper con el pasado (dark past, a buen entendedor...) e intentar ser más abierto, conocer gente, hacer buenas migas con mis nuevos compañeros. Compañeros y conocidos tengo muchos, más que nunca, pero realmente me sigo sintiendo solo. En el fondo amigos son pocos o casi ninguno: salvo contadas excepciones, todos tienen sus auténticos amigos, los de toda la vida, esos contra los que no puedes competir porque llevan años juntos, esos con los que realmente se lo pasan bien, y en quienes realmente piensan cuando quieren salir u organizar algo. Además, hay días que pienso que mis compañeros se han acostumbrado a verme en la Facultad como una especie de NPC que siempre está allí y del que se olvidan cuando vuelven a su casa. En cambio yo pienso en la putada que fue para uno suspender una asignatura o en cómo puedo ayudar a otro en una práctica en la que está atascado; además, como entre mis antiguos compañeros de colegio debo ser persona non-grata, los echo de menos durante el verano y me paso todas las últimas semanas de vacaciones pensando en volver a encontrarme con ellos...

¿Aficiones? Esto merece cierto detenimiento:

Antes podía decir que la informática era una de ellas. Con un PFC a mis espaldas y estando a punto de terminar, puedo decir que como ingeniero dejo bastante que desear, muchas veces no soy capaz de resolver los problemas más sencillos que existen y muchos de mis compañeros más cercanos ven en segundos cosas para las que yo necesito mi buen tiempo de estudio y reflexión. Se supone que hay algunos campos que se me dan mejor que otros, pero cuando uno se rodea de gente inteligente y trabajadora, es normal que pase de ser un "experto" en aquellos campos que le gustan a ser un mero aprendiz al que lo adelantan por la izquierda y por la derecha, y eso me frustra muchísimo. Esto no tendría tanta importancia si no fuera porque se supone que soy un muy buen estudiante, inteligente y despierto (aunque empiezo a creer que más bien debo ser un mal producto de la LOGSE y aquellos boletines de notas en los que eran mayoría los sobresalientes no eran más que el timo de la estampita). Tengo la sensación de que apruebo las asignaturas de la carrera por desgaste, por ósmosis de los apuntes, y que si he llegado hasta aquí en el tiempo en que lo he hecho ha sido más por suerte que por otra cosa. Siento que me he esforzado lo justito, y que yo antes daba y me exigía mucho más de mí mismo que ahora. Antes la gente cercana me pedía ayuda y/o consejo, ahora rara es la vez que puedo añadir algo cuando escucho alguna pregunta técnica en una conversación entre compañeros, siempre hay alguien que sabe más que yo del tema o piensa mil veces más rápido una solución al problema.

Me gusta también el fútbol, pero cuando era pequeño mis compañeros no me pasaban el balón porque era "malo", y cuando decidí entrar en el equipo de juveniles del colegio para aprender algo, pasar el rato y hacer un poco de ejercicio me encontré con un entrenador que nos trataba como si fuésemos profesionales, obviando muchas veces el esfuerzo y la asistencia a los entrenamientos y premiando el no compañerismo de quienes hacían lo que les daba la gana y faltaban la mitad de las veces. Sí, seguía siendo malo, pero le ponía ilusión y seguía yendo porque verdaderamente me gustaba (y me gusta) el fútbol. El problema que veo aquí, y que es responsabilidad mía atajar, es que esa continua decepción del esfuerzo no recompensado me hizo entrar en un círculo vicioso del que es difícil salir. Ahora mismo tengo asumido que los deportes de equipo no son para mí, así que enseguida me frustro al ver que no soy capaz ni de colocarme correctamente en el campo.

Si se puede considerar afición, me gusta aprender idiomas. Me defiendo en inglés (después de los cursos que he hecho se supone que tengo nivel avanzado), pero vivo rodeado de compañeros y conocidos que entienden hasta el último vídeo que te puedas encontrar en Internet (por ejemplo, las series que sigo las veo con los subtítulos en inglés, porque solamente con el audio no me entero de nada) o son capaces de redactar páginas y páginas en inglés sin despeinarse. También sé algo de francés, pero es lo mínimo después de haberlo escogido como segunda lengua durante los 6 cursos de la ESO y el Bachillerato, ese conocimiento es circunstancial (sé francés igual que sé matemáticas o química, porque lo aprendí en el colegio, no como fruto de un esfuerzo adicional). Igual sucede con el catalán, que quizás sea lo único que me pudiese hacer sentir diferente, conozco (y destrozo) el idioma porqué nací y viví mis primeros 7 años en Cataluña.

Me gustan el cine y la lectura, pero cada vez que la gente se pone a hablar empiezan a realizar verdaderos análisis dignos de la revista Fotogramas o de una tertulia al azar de aquellas que organizaba Garci en ¡Qué grande es el cine!. Yo simplemente leo libros y veo películas para disfrutar y pasar el rato, para aprender cosas nuevas, ver otros mundos... Pero no sirve de nada si después no puedo comentarlas porque no he encontrado "el doble sentido" o no me puse "las gafas de pasta" para descubrir qué quería decir realmente el director. Además, y relacionado con mi popularidad en el colegio, hay muchos clásicos actuales que no he visto porque mis compañeros no me llamaban cuando quedaban para ir al cine. Se suponía que eran mis amigos, pero en el fondo pensaban que el chapón era mejor que se quedase en su casa chapando... En este sentido tengo que reconocer que a base de "acoplarme" ahora la gente cuenta conmigo para ir al cine, otro tema es que muchas veces coincida en días que me voy a casa a pasar el fin de semana (no todo iba a ser quejarse, jeje).

Tampoco tengo una afición diferenciadora, de esas para las que necesitas un talento natural: la música se me da horriblemente mal, no practico ningún deporte más allá de algo parecido a "intento de fútbol", no sé dibujar, no sé jugar bien al ajedrez ni a las cartas, tardé siglos en aprender a andar en bicicleta, incluso necesité tres intentos para aprobar el práctico de conducir... Cualquier afición que se os pueda ocurrir, tened por seguro que sería incapaz de practicarla. Así a bote pronto lo único que se me ocurre es que tengo fama de dominar el lenguaje, algunos incluso dicen que "soy de letras", pero eso tampoco me llena, lo único que hice fue prestar atención en las clases de Lengua cuando tenía que hacerlo, nada más. Algunos también me dicen a veces que tengo culturilla y puedo hablar de casi cualquier cosa, pero como ya he comentado llegado el momento no puedo mantener una conversación porque no vicio a juegos, no juego rol, apenas sé de grupos de música y no soy capaz de soltar "gafapastadas" varias sobre el último libro que leí o película que vi.

Ya para acabar, diré que siempre he pensado que soy una persona amable que, pese a ser tímida, enseguida coge confianza (está visto que demasiada...) y que siempre está dispuesto a hacer un favor, a echar un cable para lo que sea. Creo que en cierto modo es lo único que hace que me sienta bien, útil para los demás. Sin embargo pasado el tiempo empiezo a creer que esto no debe ser así, y que evidentemente en algo me estoy equivocando. Ya se sabe, como dicen los publicistas, "tanta gente no puede estar equivocada". Por eso pido a aquellos que me conocéis y habéis llegado hasta aquí que me digáis qué puedo hacer, porque ya no se me ocurre nada más. Y cómo no, sois libres de opinar (y rajar de mí, faltaría más) lo que queráis. Supongo que si habéis leído todo esto será porque realmente os interesaba, aunque fuese por simple morbo. Si no contestáis también estáis en vuestro derecho, no tenéis por que aguantar mis quejas y mis tonterías, pero necesitaba soltarlas (ni os imagináis lo bien que me he quedado) y aquí, a diferencia de un sábado por la noche, no molesto a nadie que no quiera leerlas.

Gracias a todos y nos vemos en el mismo sitio a la misma hora, y que dure. Y ahora me voy a ver "Polònia", un programa de sátira política de TV3 en catalán en el que no dejan títere con cabeza. Lo que vea en él seguramente nunca me servirá para iniciar una conversación, pero por lo menos me servirá para refrescar el catalán y sobre todo reírme con sus tonterías.

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