miércoles, 11 de noviembre de 2009

No hay vuelta atrás

Con el título de este post acompañado del subtítulo "España no debería usar la recesión como una excusa para detener los planes de expansión de su tejido científico" la prestigiosa revista científica Nature encabeza uno de los editoriales de su último ejemplar.

A continuación os dejo la traducción libre del cuerpo del artículo, pero antes un par de avisos: primero, el texto se hace un poco largo. Segundo, las opiniones acerca de la actuación política en España así como en otros países son las del equipo de redacción de la revista Nature (aunque en gran parte coincida con las mías propias, no está de más avisar, jeje). Ahora sí, la traducción:

Durante las últimas dos décadas ha podido observarse cómo España pasó de ser un estanque científico a convertirse en un actor respetado en el mundo de la investigación. Gran parte de ese progreso ocurrió desde que el Partido Socialista llegó al poder en 2004, prometiendo convertir a España en una economía basada en la innovación (véase Nature 451, 1029; 2008).

Durante la primera legislatura socialista, por ejemplo, doblaron el presupuesto para ciencia hasta más de 8.000 millones de euros (unos 12.000 millones de dólares USA), suponiendo un 1,1% del PIB, proporción mucho más próxima a la media de la Unión Europea, situada en el 1,8%. El partido fue reelegido en 2008, habiendo prometido reducir la burocracia y aumentar el presupuesto para investigación gradualmente hasta el 2% del PIB. Casi inmediatamente después el Gobierno creó el Ministerio de Ciencia e Innovación, separando así la ciencia del ámbito del Ministerio de Educación. Cristina Garmendia, bióloga molecular fundadora de varias compañías biotecnológicas de éxito, fue nombrada ministra.

Desde entonces, sin embargo, el impulso se ha ido perdiendo. La inexperiencia política de Garmendia ha salido a la luz. Se mostró lenta a la hora de construir un ministerio funcional desde cero y no ha desarrollado la influencia política necesaria para convencer al resto del Gobierno, que en la actualidad forcejea con la recesión global, de que tenía que centrar su visión en la ciencia.

El Gobierno ha aumentado el soporte financiero para la incipiente industria biotecnológica nacional así como para otras industrias de alta tecnología. Pero en el borrador de los Presupuestos de 2010, desvelado en septiembre, se propuso un recorte del 45% de los fondos dedicados a financiar investigaciones de forma directa. Después del clamor de la comunidad investigadora, se redujo el recorte a un 15%, además de ser probable la presentación de una enmienda durante el debate parlamentario en la que se proponga un aumento extra del 2,8% en la asignación presupuestaria del ministerio. De todas maneras seguiría siendo un duro golpe para la base investigadora del país.

Mientras tanto, el Gobierno ha ido anunciando a bombo y platillo diversos cambios en la legislación en lo que a ciencia respecta. Se suponía la creación de una agencia independiente de financiación y becas, así como la reforma del inflexible sistema nacional de contratación docente, según el cual profesores universitarios y científicos gubernamentales han de ser funcionarios con puesto fijo de trabajo hasta su jubilación. Se propusieron varias fechas para la presentación al Parlamento de esta ley, pero luego fueron retiradas, aparentemente porque parte del Gobierno no quería retirar a los científicos parte de los privilegios que disfrutan otros empleados públicos. Por ello la contratación de nuevos investigadores sigue siendo un proceso lento y difícil, y es casi imposible ofrecer un paquete interesante que incluya un buen sueldo y financiación para la investigación. El Ministerio de Ciencia afirma ahora que la reforma será presentada a final de año, pero la comunidad científica no tiene puestas muchas esperanzas en ello.

A largo plazo, la industria sufrirá los problemas derivados de no haber desarrollado y mantenido una base esencial de investigación fuerte. España no acierta al casarse con la idea simplista y desfasada según la cual un país puede aguantar transfiriendo conocimiento mientras ralentiza cada vez más el generador del mismo. No es una forma sabia de responder a la crisis financiera.

España haría muchísimo mejor en emular los compromisos realizados el mes pasado por otras dos naciones europeas que también luchan contra el bajón económico. En Alemania, país rico pero con su economía prácticamente estancada, el gobierno de centro-derecha ha decidido recortar el gasto público para 2010 en todos los aspectos menos en investigación y educación, cuyas asignaciones experimentan grandes incrementos (véase Nature 462, 24; 2009). En Grecia, más pobre y con una economía en recesión, el gobierno de centro-izquierda afirma que también recortará el gasto en 2010 en todo menos en investigación y educación, que reciben modestos incrementos. Así mismo, ambos gobiernos planean eliminar parte de las restricciones que actualmente presentan a la investigación.

España disfrutó de una gran periodo de brillantez intelectual a principios del siglo XIX, época conocida como la Edad o Siglo de Plata. Hasta hace poco, los científicos españoles eran optimistas acerca de alcanzar una segunda Edad de Plata. Ahora bromean con que España se dirige a una Edad de Bronce. Pero no se ríen.

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