martes, 26 de mayo de 2009

Un oasis en el desierto de la crisis

Como no tengo hoy ni ahora la cabeza para ponerme a trabajar (aunque debería), voy a aprovechar estos momentos de procrastinación para regresar a la senda de las traducciones, ésa que no debí abandonar por la tentación de los vídeos de YouTube y los foros de Vandal.

Ahí os va la traducción completa de un artículo publicado en el New York Times sobre cómo (no) está afectando la crisis al pueblo sevillano de Marinaleda, gobernado desde hace 30 años por Juan Manuel Sánchez Gordillo, alcalde de Izquierda Unida. Aviso, es un artículo relativamente largo, pero a quien le interese el tema le resultará cuanto menos curioso.

La gente de este pequeño pueblo andaluz nunca ha escondido sus convicciones políticas. Desde que ocuparon las tierras de un aristócrata en los años 80, los vecinos, con su apasionado alcalde Juan Manuel Sánchez Gordillo a la cabeza, han sido sinónimo en España de la dura lucha contra la pobreza en el rural.

Ahora que el frenazo del mercado inmobiliario español alimenta el desempleo, este enclave comunista rodeado de olivares ha ido atrayendo a los habitantes de pueblos cercanos gracias a sus programas municipales de vivienda y cooperativismo agrario, afirman vecinos y funcionarios locales.

El señor Sánchez, de 53 años de edad y poblada barba que celebra este mes su trigésimo aniversario como alcalde de este pueblo de 2.700 habitantes, comenta que la crisis económica prueba la sabiduría de su visión socialista.

“Todos pensaban que el mercado era como un dios, que todo lo hacía funcionar con su mano invisible”, afirma Sánchez desde su silla en la alcadía vigilado por un retrato del Che Guevara. “Antes era pecado mortal hablar de intervenciones de los gobiernos en la economía. Ahora vemos que hay que poner la economía al servicio de la gente”.

Mientras el resto de España se empachó a base de créditos baratos para comprar viviendas sobrevaloradas, la gente de Marinaleda se dedicó a construir las suyas propias, libres de hipotecas y bajo el auspicio de un programa municipal, tal como recuerda el alcalde. Si un vecino pierde su empleo, la cooperativa municipal lo contrata, dice, de forma que nadie tiene que ponerse a buscar trabajo (algo curioso en una región con un 21% de paro).

Vanessa Romero, que se mudó desde Barcelona con su familia en enero después de que tanto su marido como ella perdieran sus empleos, comenta que llegó atraída por las expectativas de trabajo y servicios como la guardería municipal, que apenas cuesta 17 dólares (12 euros) al mes. La pareja gana unos 1.500 dólares (1.000 euros) al mes trabajando para la cooperativa.

“Si un pueblo como este, con la mitad de recursos que otros o incluso menos, puede dar trabajo a la gente, ¿por qué no pueden otros hacer lo mismo?”, dice la señora Romero, cuyos padres son originarios del pueblo.

Quienes critican este sistema sostienen que las pretensiones de Sánchez son exageradas y que se basan en dividir la miseria entre todos más que en crear riqueza. Promoviendo empleos agrarios de baja productividad consigue que los votantes dependan de él, afirman.

“El pueblo se ha estancado”, dice Hipólito Aires, concejal del PSOE en la corporación municipal y dependiente en una gasolinera. Afirma que la atmósfera política de Marinaleda es sofocante y que el alcalde ha arrinconado a la oposición, sentimiento mostrado por varios vecinos que han preferido mantenerse en el anonimato.

“Sánchez Gordillo critica a los caciques locales, pero realmente actúa como uno de ellos”, dice Aires. “Él es el mayor terrateniente del pueblo". Hace referencia al supuesto poder que el alcalde tiene sobre el pueblo y su granja municipal de más de 3.000 acres (12 km2), si bien Sánchez no tiene coche propio y afirma que su único bien mueble es su casa.

Marinaleda se ha convertido en un centro de activismo de izquierdas desde que Sánchez resultó elegido por primera vez en las elecciones de abril de 1979 en representación del Colectivo de Unidad de los Trabajadores, una organización agraria, comunista y nacionalista andaluza que promueve la democracia participativa a través de la celebración de asambleas populares. Con el paso de los años, los vecinos han ido ocupando granjas y otras explotaciones, organizado piquetes contra funcionarios del gobierno e iniciado huelgas de hambre en defensa del empleo y la tierra.

La campaña más impactante fue la llevada a cabo en 1991 contra la expropiación por parte del gobierno regional de los 3.000 acres (12 km2) de terreno pertenciente al Ducado del Infantado, consiguiendo su cesión a los vecinos. La cooperativa resultante, establecida a unas 7 millas (11 km) al norte del pueblo, mantiene cultivos intensivos de alcachofa, pimientos, brócoli y judías, además de trigo.

En estos días, el populismo de Sánchez impregna la vida de esta autodesignada “utopía por la paz” que no cuenta con cuerpo municipal de policía (algo que según el Ayuntamiento supone un ahorro anual de 350.000 dólares, es decir, unos 250.000 euros).

Los murales políticos y los lemas revolucionarios adornan las blancas paredes del pueblo, y las calles tienen los nombres de varios activistas latinoamericanos. Cada pocas semanas, el pueblo declara un Domingo Rojo en que grupos de voluntarios limpian las calles o realizan los trabajos más esforzados.

Cada sábado durante una hora, el alcalde aparece en la televisión local para realizar algún comentario político o recitar sus propias poesías, siempre ataviado con un pañuelo palestino alrededor de su cuello. Ha conseguido reunir a los vecinos para infinidad de causas, desde el rechazo a los cultivos transgénicos hasta el apoyo a la lucha del pueblo saharaui por la autodeterminación del Sahara Occidental.

Compárandose con otros viejos comunistas, más conocidos que él, Sánchez afirma que ha sido encarcelado siete veces y que ha sufrido dos intentos de asesinato, uno por parte de un agricultor de ideología fascista y otro de un policía furioso.

“Su problema reside en que es un revolucionario permanente”, dice Aires, añadiendo que “la mitad de la gente que acude a sus convocatorias ni siquiera sabe donde está Palestina”. Muchos, sin embargo, admiran su fervor.

“Me encantaría que nuestro alcalde hiciese algo similar por nosotros”, dice Francisco Pradas, vecino del cercano pueblo de Écija, mientras recolecta judías de buena mañana en la granja de la cooperativa. Su director, José Martin, dice que la demanda de trabajo de gente de otros pueblos se ha incrementado con la crisis.

Dentro del pueblo se encuentra la otra joya de la corona del sistema comunista de Marinaleda: una colonia de casas de tres habitaciones construida sobre terreno municipal con materiales del gobierno regional. Los futuros inquilinos sufragan la construcción con unos 450 días de su trabajo. El motivo: evitar que la gente obtenga beneficio económico, las casas no pueden revenderse.

Aún así, el incremento de la demanda en los últimos años por parte de vecinos de los pueblos cercanos ha llevado a limitar el programa a residentes de larga duración. Se han construido alrededor de 350 casas y se planean otras 250 en los próximos 2 años.

Los analistas políticos y opositores a Sánchez y su fuerza populista, afirman que el aspecto de paraíso comunista que el alcalde da a Marinaleda depende profundamente de las ayudas gubernamentales, tanto nacionales como regionales. Los materiales para cada casa, por ejemplo, cuestan a la Junta de Andalucía unos 25.000 dólares (18.000 euros).

Salvador Becera, experto en antropología del Centro de Estudios Andaluces de Sevilla, afirma que Sánchez ha conseguido dotar de igualdad social a una comunidad analfabeta y oprimida. Pero su visión es anacrónica, comenta, y el futuro de Andalucía no reside en el campo, sino en la industria y los servicios.

“Ahora mismo pueden sacar pecho porque la economía está en crisis”, señala Becera. “Pero, ¿y si tuvieran la oportunidad de hacerse ricos? ¿Permanecerían en ese pequeño paraíso creado por Sánchez Gordillo?”.

Sánchez, sin embargo, permanece impasible. “Se celebran elecciones cada cuatro años”, defiende. “Si la gente me elige por mayoría absoluta cada vez, algo estaré haciendo bien.”

1 comentario:

Angelitros de Mahous dijo...

He visitado Marinaleda por casualidad, el único concierto de SKA-P en Andalucia se celebró en este fantastico pueblo. Me quedé alucinado de la sociabilidad y el encanto de sus gentes. El barbas nos dió un discurso guapisimo sobre como los sionistas masacraron Gaza (Palestina). Él mismo dijo por micrófono que el dinero recaudado iria a ayudar a los niños y niñas de Palestina, afectados por el Genocidio de israel. Viva Marinaleda Libre, Arriba la reboluición. Gracias y un saludo.