martes, 3 de febrero de 2009

No es lo mismo (aunque sí lo sea)

Ahora que estamos en tiempos de crisis (o eso dicen los políticos, a ver si después de lo que les costó decirlo va a resultar que es todo un invento de los de Supertramp), la Ohio State University ha realizado un estudio acerca de la percepción que la gente tiene sobre las cantidades de dinero que manejan, extrayendo del mismo la conclusión de que, pese a la evidencia matemática de que 1 dólar y 100 centavos son lo mismo (aplíquese en nuestro caso a euros y céntimos respectivamente), en determinadas ocasiones la gente se comporta como si 100 centavos valiesen más que 1 dólar. A continuación la traducción libre del artículo que al respecto ha aparecido hoy en el portal de divulgación científica ScienceDaily.com.

(NOTA: ¡Ponte casco que viene un ladrillaco!)

Todos sabemos que 1 dólar equivale a 100 centavos. Sin embargo un nuevo estudio sugiere que, en determinadas situaciones, la gente puede comportarse como si en realidad 100 centavos valiesen más.

Esto sucede porque, según el estudio, la gente se fija más en el propio número que en el valor económico que éste representa.

“En algunos casos, el dinero funciona como un marcador, es decir, vence el número mayor independientemente de su valor real”, comenta John Opfer, coautor del estudio y profesor ayudante de psicología en la Ohio State University.

Una implicación importante de todo esto es que las recompensas pecuniarias no tienen por qué afectar al comportamiento a causa de su valoración económica, afirma Opfer. A veces, es el valor numérico de dichas recompensas el que marca la diferencia. Por todo ello hay gente que cree tener más dinero cuando tiene 100 centavos que cuando tiene 1 dólar, simplemente porque 100 es mayor que 1.


El estudio fue dirigido por Opfer en colaboración con la estudiante de Psicología de la Ohio State University Ellen Furlong, apareciendo dicho trabajo en el número de enero de 2009 de la revista especializada Psychological Science.


En el estudio participaron diversos sujetos de prueba a los que se invitó a realizar una experiencia típica en psicología y propia de la teoría de juegos llamada "dilema del prisionero". En esta versión, dos jugadores tenían que decidir de forma privada y separada si cooperarían o defraudarían al compañero en un intercambio económico.


Si en privado ambos afirmaban que iban a cooperar, ganaban 3 dólares; si uno de ellos decidía defraudar al otro, éste último ganaba 5 dólares y el primero nada; por último, si ambos decidían defraudarse mutuamente, solamente ganaban 1 dólar cada uno.


El juego fue diseñado para observar bajo qué condiciones la gente decide cooperar entre sí. Estudios previos habían mostrado que la gente suele colaborar cuando el reparto es mayor, es decir, las probabilidades de que cooperasen aumentaban a medida que lo hacía la cantidad a repartir.


Sin embargo, Opfer afirma que lo buscaba era saber si en realidad se podían predecir las decisiones de la gente basándose el valor económico de las cosas, o simplemente se fijaban en el valor numérico.


De este modo, en otro estudio, los investigadores reunieron a 48 estudiantes universitarios para realizar con ellos el ya comentado juego del prisionero. La mitad de ellos jugaban por dólares, y la otra mitad por las mismas cantidades de dinero, pero expresadas en centavos. Por ejemplo, algunas parejas podían ganar 3 dólares si cooperaban, mientras que otras ganarían 300 centavos. La experiencia fue repetida 80 veces.


Los resultados fueron que los estudiantes que jugaban por 300 centavos cooperaban más frecuentemente que quienes lo hacían por 3 dólares, aún siendo evidente que ambos grupos jugaban por la misma recompensa económica. Esto significa que aquellos estudiantes que jugaban por 300 centavos actuaban así porque consideraban que obtenían mayor beneficio que quienes lo hacían por 3 dólares.


En un segundo estudio se comprobó que los resultados del primero no se basaban en una mayor preferencia por los centavos que por los dólares, sino que en general preferían recompensas con mayor valor numérico. Este hecho quedó demostrado al ver que los jugadores cooperaban un número similar de veces tanto si se les ofrecía 300 dólares como 300 centavos, pese a lo evidente de la diferencia económica entre ambas recompensas.

Asimismo la cooperación fue similar cuando se ofrecían bien 3 dólares, bien 3 centavos, aunque en este caso el número absoluto de casos de cooperación fue sensiblemente menor.

“Esto muestra que no son los dólares los que hacen a la gente decidirse a cooperar o no, lo único que importa es si juegas por 3 o por 300. El incentivo para favorecer la cooperación no es económico, se trata de una simple cuestión de cantidades”, sentencia Opfer.


El hecho es que la conclusión de que la gente se vea más impresionada por los números grandes tiene importantes implicaciones en la vida real. Por ejemplo, mientras que la diferencia económica entre 3 y 5 dólares es la misma que entre 103 y 105 (2 dólares en ambos casos), la diferencia entre 3 y 5 destaca más que la que existe entre 103 y 105.


Estos hallazgos desafían algunas asunciones básicas sobre los procesos de decisión humana. Opfer llega a afirmar que incluso la voluntad de cooperación entre partidos políticos o grandes corporaciones aumenta cuanto mayores sean las cantidades, como pudiera ser el caso de la reciente inyección de capital al sector financiero por valor de 700.000 millones de dólares. En cambio ante cantidades menores, como la propuesta de ayuda a la industria automovilísitca con 15.000 millones, cabe esperar menor cooperación.


Según Opfer, y dejando a un lado a los partidos y las corporaciones, cuando una persona decide ahorrar para su futuro o evalúa el riesgo de una inversión, sus decisiones muy probablemente se verán influidas por la magnitud de los números que intervienen en la situación.

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