miércoles, 14 de enero de 2009

El desafío de lo caducado

Cómo no he encontrado nada nuevo que postear por ahí (mejor dicho, no he buscado lo suficiente...) aprovecho para publicar la traducción de uno de los artículos que tenía por ahí fichados hace meses, cuando me empezó a asaltar la idea de abrir este blog.

En él, Jonathan Maitland, excéntrico periodista del rotativo londinense Daily Mail, narra sus peripecias durante una semana en la que solamente se alimentó con productos pasados de fecha. El resultado es, cuanto menos curioso. Se titula "The 'best before' challenge" y ahí va:


Es la hora de comer y me encuentro discutiendo con mi mujer. Se ha montado una buena, creo que incluso los vecinos escuchan cada palabra de lo que decimos. Algo terrible se ha interpuesto entre nosotros: un trozo de pollo crudo. Mi mujer Emily dice que su fecha de caducidad venció hace 6 días y grita: “Está pasado, idiota”. Me acusa de intentar envenenar a mi hijastro Félix de 16 años, quien, al igual que yo, quiere comer. Yo le digo que no debería creerse todo lo que lee en las etiquetas. Las cosas no hacen más que empeorar.

Bienvenidos a un experimento inusual. He decidido que durante dos semanas comeré cada vez en mayor cantidad alimentos pasados de fecha comprados en supermercados en un intento por descubrir cuánto hay de verdad en las fechas de caducidad y de consume preferente y así probar que nuestro país desperdicia toneladas de productos en perfecto estado.

Según el WRAP (Waste and Resources Action Programme), tiramos unos 6,7 millones de toneladas de comida cada año, de los cuales la mayoría sigue siendo apto para el consumo. Este año se prevé que tiremos comida por valor de 10 millones de libras esterlinas, lo que supone unas 420 por cada hogar británico. No me creo Bob Geldof. No busco salvar el mundo, pero sí a la salchicha con mal aspecto. Las cantidades que tiramos son inmorales. Mientras nosotros apilamos montañas de comida, las Naciones Unidas prevén más de 6 millones de niños menores de 5 años morirán este año en el mundo por problemas de desnutrición.

Uno de los factores que motivan estas cifras son las fechas de caducidad. Millones de nosotros tiramos la comida tan pronto como ésta alcanza dicha fecha. Esto es, a fin de cuentas, lo que el Gobierno nos recomienda que hagamos.

La advertencia de la FSA (Food Standards Agency) es clara: “No ingiera comidas o bebidas que hayan superado la fecha de caducidad impresa en la etiqueta, incluso si huele bien o tiene buen aspecto... su ingestión fuera de fecha puede poner en riesgo su salud”. Pero… ¿cuál es la magnitud de este riesgo? He jugado a una especial de ruleta rusa culinaria para averiguarlo.

DÍA 1
Como dos tostadas con huevos fritos con fecha de consumo preferente en el día de ayer. La FSA afirma que la fecha de consumo preferente, al contrario que la de caducidad, se refiere más a la calidad que a la seguridad, de modo que cuando la fecha pasa, no implica que la comida se convierta en perjudicial. Solamente hacen una excepción para los huevos: “No es recomendable comer huevos más allá de su fecha de consumo preferente... corre el riesgo de contraer salmonelosis”. Los huevos, comprados en Tesco, saben genial.

DÍA 2
Me encuentro perfectamente. Mi atención se desvía a un filete de salmón escocés comprador en Marks & Spencer que lleva dos días caducado. Una vez bien pasado por la plancha tiene un sabor exquisito. Mi mujer me dice que parezco retrasado y que cuando enferme no piensa mover un dedo.

Pasadas 24 horas empiezo a sentir náuseas… al leer las estadísticas del WRAP. Cada día tiramos 4,4 millones de manzanas, 5,1 millones de patatas, 2,8 millones de tomates y 1,6 millones de plátanos. Atención al dato, no es a la semana, sino al día. Todos nosotros formamos parte del problema, compramos en exceso. Pero también forman parte el Gobierno y los supermercados. Cuando las autoridades sanitarias nos recomiendan, rozando la obligación, comer 5 porciones de fruta y verdura al día, se basan en motivos honorables, pero las consecuencias son más que desafortunadas. Actualmente compramos millones de toneladas de comida de las que solamente comemos una parte: el 40% de los alimentos que tiramos son frutas y verduras. Mientras tanto, los supermercados siguen insistiendo con ofertas del tipo “Pague uno y lleve dos”, cuando lo preciso sería decir “Pague uno y tire otro gratis”.

DÍA 3
Me caliento un pastel de carne marca Sainsbury que lleva tres días caducado. Propiamente es para dos, pero como mi mujer no me deja darle las sobras a Félix, se las ofrezco a mi perro Monty. Mi perro, uno de los comedores menos escrupulosos del mundo, misteriosamente las rechaza. Quizás los perros sepan algo de las fechas de caducidad que yo no sé.

DÍA 4
Ante mí dos excelentes salchichas de cerdo compradas en Tesco que hace cuatro días que están pasadas de fecha. Mi mujer comenta que huelen raro.


El ya fallecido Roy Jenkins fue el responsable de nuestro sistema de etiquetado de alimentos. Ocupaba la Presidencia de la Comisión Europea cuando se aprobó la Directiva 79/112 acerca del etiquetado de los alimentos, la cual fue adoptada por nuestro país en 1980. En su día, sin embargo, la duración de la comida de supermercado era inferior. Ahora, gracias a las mejoras en higiene y conservación de los alimentos, las fecha de caducidad se alargan hasta tres semanas. De hecho, gracias a los distintos aditivos, la duración de la comida respecto de la fecha de caducidad es el doble que en los años 80.

DÍA 5
Macedonia de frutas marca Asda caducada hace cinco días. Desde pequeño me ha gustado la macedonia, y me gusta tanto que suelo relamer la cuchara. Me ha durado seis segundos… y lo más importante, sin efectos secundarios. ¡No gracias! Mi mujer Emily aparta su nariz de los ajados manjares de Jonathan.

DÍA 6
Pechuga de pollo Asda de oferta. Mi esposa, al ver que la carne que me disponía a comer llevaba pasada seis días, reaccionó igual que un vampiro ante un crucifijo. Devoré el filete. No estaba muy tierno, pero quizás tuvo algo que ver en ello la luz solar de los días que pasaron por él hasta comérmelo. Ni rastro de enfermedades.

El cocinado, o la falta del mismo, es crucial en estos casos. El doctor en microbiología Lee Humpheson, jefe de un laboratorio de análisis alimentario, afirma: “El riesgo de padecer problemas de salud es un 100% mayor si se consumen alimentos frescos mal cocinados o preparados, por muy frescos que sean, que si se consumen alimentos pasados de fecha correctamente cocinados”. En otras palabras, lávate las manos cuando vayas a manipular alimentos, no uses el cuchillo de carnicero para untar la mantequilla por las mañanas y respeta las instrucciones de preparación de los alimentos punto por punto. De esta forma, aunque las salchichas que te vayas a comer lleven tres días caducadas, no tendrás problema. Las fechas de caducidad están ahí por una razón. Según el doctor David Jukes, catedrático de Ciencia de los Alimentos en la Universidad de Reading: “Cuanto más pasado de fecha esté un alimento, mayor número de bacterias se habrán multiplicado, aumentando el riesgo de enfermedad”. Sin embargo, ¿en qué se basan los fabricantes para establecer las fechas de caducidad? Antes de que un nuevo producto irrumpa en el mercado, se realizan pruebas para ver qué bacterias presentes en dicho alimento pueden resultar perjudiciales, teniendo en cuenta variables como el envasado, el transporte y la temperatura de almacenamiento. El doctor Jukes afirma que muchos supermercados pecan de exceso de celo cuando establecen las fechas de caducidad. “Inevitablemente, la industria alimentaria se cubre las espaldas. Las fechas de caducidad son una medida de seguridad incorporada con el objetivo de proteger a la industria”. Visto esto, ¿qué nivel de seguridad ofrece dicha medida? Muy alto, por lo que he experimentado hasta ahora.

DÍA 7
250 gramos de carne magra Tesco 'Healthy Living' calidad extra caducada hace 7 días. Por primera vez, estoy alarmado. La carne tiene un color diferente, suele ser rojiza y está gris. Mi mujer la cocinó durante 45 minutos con hierbas y especias. Delicioso, aunque algo correoso.

El doctor Martin Caraher, experto en política alimentaria de la City University de Londres, afirma: “La preocupación principal de los supermercados es la salud de sus clientes, pero el establecimiento de fechas de caducidad estrictas redunda en su propios intereses económicos. Si los clientes tiran la comida, la reemplazarán comprando más. De este modo el sobrepasar la fecha de caducidad se convierte en un agradable accidente”.

DÍA 8
Mi primer plato precocinado: Pollo Chino en Salsa de Alubias Negras con arroz hervido, de Asda, caducado hace 8 días. La salsa tiene un regusto amargo, pero como nunca he comido este plato antes, no sé si simplemente sabe así o es que está pasado. Al día siguiente me encontraba bien, sin problemas. Resulta irónico, pero mi mujer sufre molestias estomacales tras comer pescado fresco. No puedo evitar reírme.

Como parte de mi investigación también he querido analizar la cantidad de comida que tiran los supermercados en comparación con los consumidores. Para ello hablé con Alf, un treintañero licenciado en Oxford que come de lo que los supermercados tiran. Me uní a él en lo que llaman un “ejercicio de liberación de comida”. Quedamos en un pueblo de Kent justo después de que cerrase el Sainsbury del lugar. Minutos después y tras rebuscar en seis cubos, llenamos cuatro bolsas de la compra con jamón cocido ahumado, queso, pan, alubias, sardinas, macedonia, manzanas, tomates, carne precocinada al estilo “toad-in-the-hole”, salchichas, uvas de Chile, pastel de zanahoria, azúcar, yogures, tartas escocesas, pasta, chocolate y setas frescas. Todo estaba empaquetado, incluso muchas cosas ni siquiera estaban pasadas de fecha, solamente las habían tirado porque el envase había sido ligeramente dañado.

DÍA 9
Le pedí al celebre chef Antony Worrall Thompson que cocinase lo que “liberamos”. Nos preparó pasta, pastel de sardinas, salchichas, un revuelto de setas con alubias y jamón asado con tomate y queso. Evidentemente esto no es lo que suele servir en sus restaurantes, pero lo cierto es que sabía incluso mejor. Worrall Thompson dice: “No es difícil saber cuando la comida está realmente estropeada. La carne de ave se vuelve pegajosa y viscosa y coge un olor un tanto acre. En cuanto al pescado, la piel se reseca, los ojos se hunden y las branquias se vuelven marrones. Las frutas y verduras se quedan mustias y amarillentas.

Y qué pasa con nuestro amigo Alf? “En siete años de liberación alimentaria nunca me he puesto enfermo”, afirma el Ladrón de Cubos Perdidos mientras saborea tarta escocesa con manzana caramelizada y yogur. Entonces, ¿cómo justifican las tiendas este desperdicio de comida sin estar ni siquiera caducada?

La asociación británica de supermercados BRC (British Retail Consortium) afirma que los envases deteriorados pueden exponer la comida a focos de contaminación y que los distribuidores trabajan muy duro para minimizar el desperdicio de comida, considerando completamente ridículo sugerir que derrochan dinero tirando productos de los que no es necesario deshacerse.

De vuelta a casa, aún me quedaba tiempo para otro plato preparado. Moussaka caducada hace nueve días. La calenté tres minutos más de lo que recomendaban las instrucciones. Sorprendentemente deliciosa.


DÍA 10
Un pastelillo de naranja y zanahoria comprado en Marks&Spencer cuya fecha de consumo preferente pasó hace diez días. A diferencia de la moussaka de ayer, el pastelillo no estaba en absoluto delicioso, sino pesado y reseco. Aún así, si estás en el campo y es lo único que tienes, no te lo pensarías dos veces.

DÍA 11
Paté de cilantro y limón de Sainsbury caducado hace 11 días. Está ácido, quizás por el limón.


DÍA 12
Judías verdes “al corte tradicional” Tesco caducadas hace 12 días. Más que aceptables.

DÍA 13
Para hoy había planeado comerme unos panecillos de hace 13 días, pero como muestra de chulería por no haber enfermado hasta ahora, subo la apuesta a un poco de pan moreno de molde Hovis con fecha de consumo preferente de hace tres semanas y media. Pero no está marrón, sino verde moteado y huele a calcetín. Lo tuesto y unto con mantequilla y mermelada. Está crujiente y sabe a tostadas, pero en algún mordisco detecto cierto regusto a pimienta.

DÍA 14
Lleno de coraje, termino mi experimento el decimocuarto día con un bol de cereales Sultana Bran de Kellogg's caducados hace casi tres meses. No están muy crujientes pero perfectamente comestibles.

Se terminó. A pesar de comer cosas cada vez más pasadas de fecha durante dos semanas, ni rastro de dolores de barriga.

Amigos, familia y colegas están impresionados. La FSA no. Su portavoz, que ha descrito mi experimento como “realmente arriesgado” dice: “Puede ser que se encuentre bien después de comer todo eso, pero otras personas podrían haber enfermado gravemente [...] No somos niñeras al cuidado de la población. Nuestros consejos sobre las fechas de caducidad son solamente eso, consejos. Pero son fruto de estudios científicos profundamente revisados. Un experimento que no es para nada científico realizado y dirigido por una sola persona no sirve en absoluto como muestra para el público en general”


Ya basta. Para nada estoy sugiriendo a la gente que coma alimentos pasados de fecha, sería una irresponsabilidad. Niños, embarazadas, enfermos y ancianos pueden ser especialmente susceptibles a las bacterias que contengan dichos alimentos. Lo que mi experimento busca enseñar, sin embargo, es que hay un montón de comida que sería totalmente seguro vender para consumo.

No deberíamos tirar la comida simplemente porque haya pasado la fecha de consume preferente. Según las directrices de la FSA, es prácticamente seguro que no nos perjudicará, sino que simplemente no sabrá muy bien. Incluso si es (relativamente) vieja.

La semana pasada Félix, intrigado por mi experimento, se plantó ante mí con un paquete de galletitas saladas Walter que le había dado su abuela. ¿Fecha de consumo preferente? 17 de mayo de 2003. Gomosos pero bien, fue el veredicto.

1 comentario:

isita dijo...

Que interesante es tu experimento. Hace 4 dias que como una pieza diaria de 17 g o 6 oz de chocolate hersheys blanco con galleta caducado desde Octubre de 2000. De sabor, bastante bueno, aunque si sabe mejor "fresco", de consistencia,ligeramente "arenoso", se deshace con facilidad como arenillas en la boca. Lo único malo es que he tenido problemas de hígado, no de muerte, claro, son síntomas como sabor amargo en la boca (sin razón aparente), resequedad y como con "deseo de tragar algo que no hay", distención abdominal, gases (más de lo normal) y eruptos, no creo que sea del todo "culpa de los chocolates", como comentas en tu experimento, mucho tiene que ver la salud de cada quien. Leí también que el higado es uno de los primeros órganos en proteger al cuerpo de ataques como comidas grasosas, más si ya están rancias (que creo que es el caso, aunque en sabor es casi imperceptible), también en caso de microorganizmos patógenos como hongos, bacterias o levaduras. Claro que no es lo mismo comer alimentos caducos de unos dias a caducos de unos AÑOS!!.
En definitiva estoy de acuerdo contigo, no escandalizarnos por productos que tienen relativamente poco tiempo de caducidad, y no desperdiciar; comprar cosas que sabes que te puedes acabar antes de la fecha de caducidad o muy próximo a; y si por alguna razón esto se sale de control, entonces comparte los alimentos, es decir, regálalos o haz una reunión en tu casa, quedas bien con tus amistades, no desperdicias y disfrutas de la compañía, que por el contrario para tí, solo quedará en un bote de basura más lleno y desperdicio total.
Bueno, solo quería comentarlo.