jueves, 22 de enero de 2009

El chip prodigioso

Buceando por digg intentando enterarme de toda la historia que se formó ayer con el supuesto no-juramento de Obama y posterior repetición "fallida" del mismo me he encontrado un artículo publicado ayer día 21 de enero en la edición online de la revista australiana de divulgación científica Cosmos Magazine, obtenido a su vez de la agencia francesa de noticias France-Presse, acerca del prototipo de un microbot de un par de cabellos de grosor que será capaz de navegar por el torrente sanguíneo para, desde dentro del cuerpo humano, realizar diversas tareas como tomar imágenes o incluso pequeñas muestras de tejido para su posterior análisis.

En 1966, la película "Un viaje alucinante" contaba la historia de unos médicos que fueron miniaturizados junto con un submarino para ser inyectados en el cuerpo de un desertor soviético con el objetivo de navegar por su flujo sanguíneo hasta el cerebro para destruir un coágulo que amenazaba la vida de tan importante personaje. (Sinopsis complementaria en FilmAffinity)

Más de 40 años después, parte del potencial futurista de esta película ha dado un paso importante para convertirse en realidad gracias a un importante avance en miniaturización conocido esta semana.

En este caso no hay submarino alguno ni mucho menos aparece Raquel Welch, sino un robot motorizado cuyos inventores consideran lo suficientemente pequeño para ser inyectado en el torrente sanguíneo humano.

Sus inventores esperan que algún día este aparato por control remoto podría llevar sensores de observación que proporcionen imágenes a los cirujanos. O incluso convertirse en un cirujano diminuto capaz de eliminar coágulos de sangre, limpiar arterias obstruidas o reparar daños en tejidos.

El "microbot" mide justamente un cuarto de milímetro (0,25 mm), o "dos o tres cabellos humanos de ancho", afirma el científico jefe del proyecto James Friend, del Laboratorio de Nanofísica de la Universidad de Monash, Australia.

"Buscamos algo que pueda colocarse en arterias humanas, especialmente en aquellos lugares a los que no era posible acceder con las tecnologías estudiadas hasta ahora", comentó.

Los métodos convencionales de cirugía no invasiva o mínimamente invasiva utilizan catéteres que son insertados en las cavidades corporales y arterias. Pero los catéteres son rígidos y a pesar de su reducido tamaño pueden perforar las finas paredes arteriales.

En un artículo publicando en el Journal of Micromechanics and Microengineering, el equipo de Friend describe el funcionamiento del prototipo mediante un motor basado en piezoelectricidad, la misma energía utilizada en los relojes de cuarzo o en los mecheros de cocina.

Los materiales piezoeléctricos son cristales o cerámicos que suministran cierto voltaje en respuesta a la tensión mecánica. En este caso, estos materiales vibran en una microestructura con forma de sacacorchos dentro del robot, transmitiendo la energía a una especie de hélice formada por varios flagelos.

Al igual que una bacteria, pero guiado externamente por control remoto, el robot avanzaría contracorriente por el torrente sanguíneo, al menos en aquellos vasos sin grandes flujos, consideran los inventores.

El dispositivo podría transmitir imágenes, liberar cargas microscópicas y, finalmente, llevar a cabo procedimientos quirúrgicos, comenta Friend. Después sería recuperado mediante una jeringa a través del punto de entrada.

"Por el momento, nos centraremos en la observación, ya que es el paso más fácil", afirma Friend. Una vez conseguido, pensaremos en otro tipo de operaciones como cortar. Incluso si el dispositivo se rompe, éste volvería al punto de entrada para ser recogido, aunque también podría ser recuperado mediante un microcatéter", señala.

El equipo ha fabricado prototipos de los motores y actualmente trabaja en la forma de mejorar el método de montaje así como en el dispositivo mecánico capaz de mover y controlar el micromotor.

Pero aún quedan años de trabajo hasta verlo en un paciente humano.

En homenaje a la película antes citada, el microbot ha sido bautizado Proteus, llevando el mismo nombre que el submarino miniaturizado en el film.

El apodo fue elegido por los lectores en una encuesta realizada en la web de la revista sobre tecnología Wired, comenta Friend.

Como ya se ve por el título, no puedo evitar acordarme de esa gran película de los finales de los 80 que es "El chip prodigioso" y su no menos épica frase de "Cariño, yo siempre lo hago con las botas puestas". Después de la chorrada, os dejo un boceto del prototipo:



No hay comentarios: