sábado, 27 de octubre de 2012

Un francés sin abuela

Leo indignado en ABC la sarta de chorradas que ha soltado el futbolista francés Nicolas Anelka en una entrevista al semanario dominical del diario galo "Le Parisien". En resumen, viene a decir que se ha ganado uno por uno todos los céntimos de su sueldo como futbolista y que la cultura no sirve para nada si no te vas a dedicar a un trabajo intelectual. Siguiendo la estructura del cuerpo de la noticia de ABC, comentaré las diferentes perlas de este genio de la filosofía y la economía que ha resultado ser nuestro querido amigo Nicolas (en Madrid todavía se están arrepintiendo de haberlo fichado en su día):

El periodista comienza inquiriéndole acerca de su estratosférico sueldo de 230.000 euros semanales. La respuesta esconde una soberbia impresionante bajo una fina pátina de humildad: "Ocúpate de tu salario que yo me ocupo del mío. Cada uno tiene su mérito. He sudado desde hace mucho tiempo para ganar este dinero. Mi palmarés está ahí para refrescar la memoria a los que lo hayan olvidado".

Bien. Nadie le puede negar que lleva muchos años jugando al fútbol y que, en principio, algo habrá contribuido su juego en los títulos que haya ganado con diferentes equipos. Sin embargo, su mérito es nulo, su trabajo, desde un punto de vista social, no vale nada. Un futbolista de élite no es una doctora, un enfermero, un bombero o una agente de policía, gente siempre dispuesta a salvar vidas cuando es necesario. No es un agricultor, un ganadero o un pescador, que con su esfuerzo diario producen los alimentos que luego nos comemos. No es un maestro o un profesor, que imparte todo lo que sabe para que sus alumnos tengan las herramientas para desarrollar su vida (aunque esto sea cada vez más difícil). No es una investigadora que se pasa días y noches enteras con los ojos pegados al microscopio intentando encontrar el último eslabón hacia una cura para el cáncer o el SIDA. Repito, su trabajo es vacuo, no aporta ni retorna nada a la sociedad. Algunos dirán que ayudan a la difusión de valores como la deportividad, el juego en equipo, el espíritu de superación y esas cosas. Mentira. Eso son habas contadas en el fútbol (y en muchos otros deportes profesionales). Educación en valores es la que se hace (o se hacía, cada vez cuesta más encontrar entrenadores cuyo principal objetivo sea formar a sus chavales, en vez de la simple competencia, el ganar a toda costa) en los equipos de barrio, en las escuelas de fútbol, etc. No me olvido del trabajador medio, del currante, que muchas veces trabaja en cosas que tampoco aportan nada a la sociedad y que solamente sirven para el empresario de turno se forre cada vez más, pero que cumple religiosamente todos los días porque su familia tiene que tener algo que comer y un sitio donde vivir. Gente que no amasa dinero, sólo sobrevive como buenamente puede y hace filigranas para llegar (si es que llega) a fin de mes.

Dice también Nicolas que "no todo ese dinero sirve para comprar coches y bolsos de marca" y aseguró que ayuda a muchos amigos y a su familia. Él mismo se retrata con lo de "no todo", hay gente (poca) que gana dinero a espuertas y sin embargo lleva una vida austera, que no tiene necesidad de aparentar ni va por la vida haciendo ostentación de su patrimonio. El que use parte del sueldo para ayudar a su familia y amigos no exime de que el dinero que gane sea sucio y ficticio desde el punto de vista productivo, pero muy real desde el económico. ¡Vaya, igual que los bancos!, que generan dinero de la nada, pero lo usan para seguir especulando y acumular más, no para activar las estructuras productivas de la economía. Está muy bien que ayudes a tu familia y amigos o que dones parte de tus ganancias a obras de caridad, pero la caridad y la beneficiencia jamás son la solución, son simples parches, y no muy resistentes. La caridad, aunque efectiva, es puro paternalismo, y en muchas ocasiones recurren a ella quienes saben que no merecen tener ni la décima parte de lo que ganan, descargando así su conciencia. Lo que hay que hacer es trabajar para cambiar la sociedad, para que, dentro de un orden, la caridad no sea necesaria nunca más, para que todos tengamos nuestras necesidades básicas bien cubiertas.

Se escuda también en que con 13 años tuvo que abandonar la casa de sus padres "para dedicarse al fútbol" y que cuando tenía 15 ya era profesional. ¿Y? Muchos de nuestros familiares más mayores (y no tan mayores) tuvieron que abandonar sus casas con edades similares y en muchas ocasiones no para dedicarse a lo que les gustaba, sino a lo primero que pillasen y donde fuese, por muy lejos de casa que tuvieran que irse.

No le basta con intentar justificar su obsceno e inmerecido sueldo, sino que además también arremete contra quienes dicen que "los futbolistas solamente saben dar patadas a un balón". Dicho así, tiene motivos para enfadarse, en España hay y hubo jugadores de Primera División con carreras universitarias complicadas de terminar si no les dedicas todo tu tiempo. Pablo Alfaro, ex-jugador de, entre otros equipos, el Sevilla y ex-entrenador de, entre otros equipos, el Pontevedra o el Recreativo, es licenciado en Medicina y tiene su examen MIR aprobado y plaza asignada. Las joyas las suelta después: dice que hay personas que "creen que leer kilómetros de libros les confiere una cultura general, y que eso sinónimo de inteligencia. Pero cuando cruzan el Canal de la Mancha no saben juntar tres palabras en inglés. Yo hablo inglés, francés, español y estoy con el chino. Soy capaz de hacerme entender en todo el mundo" o que el teorema de Pitágoras no sirve para nada en su vida. Ser culto no implica ser inteligente, es cierto. Pero ayuda. Si menospreciamos la cultura, menospreciamos el desarrollo social. Una sociedad sin cultura es una sociedad dócil, muerta, incapaz de avanzar. Sin la cultura no estaríamos donde estamos, con los avances tecnológicos que disfrutamos y la esperanza de vida que hemos alcanzado. Sin la cultura y el desarrollo científico y tecnológico no tendrías el coche que tienes, ni la ropa que vistes, ni viajarías en avión y probablemente ya hubieses muerto por cualquier infección hoy día leve por no tener antibióticos con los que tratarte. En cuanto a los idiomas, pues bien por él si los habla. Eso sí, no sirven de nada si no tienes nada que decir. A los homínidos primitivos seguro que con sonidos guturales les era suficiente para cazar y procrear, y sin ellos nosotros no estaríamos aquí. En cuanto a lo de Pitágoras, es el típico razonamiento de un niño de Primaria: ¿por qué tengo que estudiar X si no me va a servir para nada?. La vida da muchas vueltas, uno nunca sabe dónde va a acabar ni qué conocimientos va a necesitar. Además, si Pitágoras tantos siglos después sigue vigente, será por algo, ¿no? Dudo mucho que la gente hable de Anelka cuando transcurra un idéntico lapso de tiempo.

Ya para acabar, critica que los futbolistas franceses vayan "a ser penalizados con más impuestos por ser los mejores" por las subidas de impuestos propuestas por el gabinete socialista del presidente François Hollande y su primer ministro Jean-Marc Ayrault. ¿Los mejores? Creo que en estas líneas he dejado claro que creo que esta gente no son "los mejores" en nada. Simplemente son unos advenedizos que han tenido la enorme suerte de poderse dedicar a lo que les gusta (hay muchísimos currantes que trabajan de lo que pueden y a disgusto, hartos de partirse el espinazo por cuatro duros, pero ¿a cuántos futbolistas no les gusta el fútbol?) y además en una época en la que por darle tres patadas a un balón (por muy cultos que algunos sean, el dinero se lo están pagando por eso, no por poner su cultura al servicio de la sociedad) les pagan una millonada que creo ha quedado bastante claro que no merecen.

Como cierre, simplemente decir que declaraciones como estas no son más que un claro reflejo de la catadura moral y de la escala de valores de la sociedad actual. Búsqueda del dinero fácil, de la buena vida a base de amasar dinero en muchas ocasiones inmerecido y obtenido a través del desprecio del trabajo y de la dedicación de mucha otra gente que realmente merece que se les valore mucho más porque realmente aportan algo al progreso cultural, científico y tecnológico de la sociedad. En pocas palabras, ¡así nos va!.

lunes, 22 de octubre de 2012

Mexan por nós e hai que dicir que chove

Con case o 100% dos votos escrutados, os resultados son claros: maioría absoluta para o PP. Durante estas dúas semanas de campaña puxen a miña imaxinación a traballar como había tempo que non o facía, dándolle mil voltas ás enquisas, pensando que os resultados que plantexaban non eran máis que manobras dos medios de comunicación para evitar un cambio que se facía, a todas luces, imprescindible e inevitable. Esta noite espertei do meu soño, Galiza, a miña terra, a que me deu unha lingua, unha educación básica e unha formación universitaria coa que poder axudar ao seu crecemento, falloume coma nunca pensei que me fallaría.

Hai xa moitos meses que non paro de escoitar xente queixándose de que non hai traballo, de que non hai bolsas de estudos para os rapaces e os mozos, de que non se abonan as axudas da Lei de Dependencia... Tampouco cesou o ruído de todos aqueles que, coma min, están fartos do continuo desprezo ao galego dende unha administración que o ve máis coma un problema a solucionar (mellor dito, un problema que hai que quitar do medio) que coma o maior patrimonio que temos neste país, o que fai que sexamos "galegos" e non outra cousa. Das cacarexadas austeridade, pagamento da débeda e redución do déficit prefiro non falar, direi simplemente que gran parte desa débeda é ilexítima (Novagalicia Banco mediante), e que sen débeda pública unha administración xamais poderá ofrecer os servizos sociais que a xente precisa, e moito mais tendo en conta o avellentamento e a dispersión da nosa poboación.

Hoxe resultou ser que todo isto daba igual. Na Galiza, dende hoxe e para os próximos catro anos, manda o PP. Repito, "manda", que non é o mesmo que "goberna". "Manda" porque non lle importa mentir canto máis mellor onde e cando faga falta (mítines, debates, publicidade institucional da Xunta...) para rabuñar o maior número de votos posibles, sabendo xa de antemán que en canto se constitúa o goberno van seguir traizoando a todos eses votantes como viñeron facendo ata agora. "Manda" porque non lle importa o máis mínimo que os seus militantes sexan vistos publicamente "carretando" votos en coches, buses ou mesmo barcos, ou o que é peor, en cadeiras de rodas de xente que, por desgraza, xa non ten as súas facultades mentais nas condicións necesarias para votar. "Manda" porque non lle vai tremer o pulso para reducir o número de escanos de 75 a 61 e modificar a representación das provincias de Lugo e Ourense, reducindo así á mínima expresión a xa de por si dubidosa representatividade da cámara autonómica. "Manda" porque, salvo reformar o Estatuto (xa lles gustaría a eles facer un Estatuto á súa medida, renunciando a cantas máis competencias mellor ou eliminando esa molesta frase do artigo 5 que di que "o galego é a lingua propia de Galicia"), con 41 deputados poden facer canto lles pete sen ter en conta a opinión do resto de galegos que, se ben non votamos ao "enxeñeiro de demolicións" Feijóo, temos o mesmo dereito a que a nosa voz sexa escoitada e tida en consideración no Parlamento.

Sinxelamente, non o entendo. Mexan por nós e hai que dicir que chove. A xente non ve "Sálvame" pero despois é líder de audiencia polas tardes. A xente non usa Internet Explorer pero atópalo en todas partes. A xente di que os do PP son uns "fachas", pero despois vota PP e, aínda por riba, dálles unha insultante maioria absoluta. O fácil en días coma hoxe sería coller a maleta e marchar a correr a Catalunya a pedir asilo político, que para algo son nado en Barcelona e me defendo bastante ben falando "catalá". Alí estarán gobernados tamén por unha dereita que vive por e para as "retallades", pero polo menos repudian todo aquilo que cheire a actitudes coma a do ministro Wert e a súa perla de "españolizar a los niños catalanes".

Por sorte, ese pensamento dura moi pouco na miña cabeza. Para poder conseguir unha Galiza onde poidamos ser plenamente galegos, sabendo que todo o que o noso goberno faga será unica e exclusivamente no noso propio beneficio, e non no dun partido cuxo principal obxectivo é conseguir esa España "una, grande y libre" na que non haxa "bárbaros que no hablen castellano" (aínda que non pasa nada se falan inglés, que sempre está ben saber dicir "Good night!"), temos que traballar desde dentro. E xa non chega con ir votar cada 4 anos (ou menos se ao presidente de turno lle resulta máis rentable), hai que facelo activamente. Por iso estou valorando moi seriamente afiliarme a algún partido politico que sexa "nacionalista galego" e que non experimente ningún tipo de inxerencia procedente de "centros de decisión en Madrid", porque eses son os únicos e auténticos nacionalistas galegos.

Aos "outros", direilles que está moi ben irromper no Parlamento impulsados polas vellas glorias e o descontento popular, pero que non serve de nada facelo cando, grazas á división fomentada, do outro lado vai haber nada máis e nada menos que 40 "palmeros" que dirán que si a todo o que propoña un "señorito" que di ser o presidente de todos pero non acerta a colocar nin un pronome no seu sitio (eu creo que se alguén lle pregunta "a traizón", sen asesores polo medio, o que é un pronome proclítico ou enclítico estóupalle a cabeza...).

Con isto cerro a miña reflexión "en quente" sobre todo o que pasou esta noite. Galiza, boas noites, ou, se o preferides, "good night!".

domingo, 9 de septiembre de 2012

La santísima trinidad

Con todo esto de la crisis raro es el día que no aparece en cualquiera de los múltiples “debates” radiofónicos y televisivos (entrecomillo el término porque para que haya debate tiene que haber diversidad de ideas, y en muchos de los casos ésta brilla por su ausencia) algún “todólogo” (sí, esos periodistas iluminados que opinan de todo sin saber de nada y, en vez de aportar datos, justifican sus intervenciones basándose en la ortodoxia económica, el ideario de su partido de “centro-derecha” y la inviolabilidad de la suprema unidad de España) defendiendo a voz en grito que el cáncer de España es el sistema autonómico, y que la única forma de salir de la crisis es deshacernos de él. Tienen razón. Aquí alguno pensará que me he vuelto loco, que cómo puedo decir eso después de la introducción que acabo de hacer. Tienen razón en la idea de fondo, el sistema autonómico poco a poco ha pasado de ser la panacea universal sobre la cuestión de la unidad de España a ser en parte el causante de todos los males que hoy nos acucian. Sin embargo, los motivos que exponen no coinciden en absoluto con los míos.

Es cierto que, en general, las comunidades autónomas, con independencia del signo político de sus gobernantes, se han convertido en un nido de corruptelas, empresas públicas de dudosa utilidad, gobiernos paralelos formados por asesores y cargos de confianza, cajas de ahorros financiando campañas electorales, proyectos faraónicos y otros “pelotazos” con dinero que no tenían… Sin embargo, en lugar de proponer soluciones políticas y jurídicas para eliminar estos problemas y evitar que se vuelvan a producir en el futuro, se limitan a repetir como un mantra que “la culpa de todo la tiene el sistema autonómico” y que “con 17 reinos de taifas no vamos a ninguna parte”. Quieren deshacer lo poco que queda de la esencia de un sistema que en su día la inmensa mayoría de los españoles apoyó a través de la aprobación de la Constitución de 1978. Digo “lo poco que queda” porque el sistema autonómico original se supone que pretendía reconocer las diferencias existentes entre las nacionalidades históricas y el resto de España, diferencias cuyo reconocimiento legal ya se han encargado desde Madrid de ir diluyendo con el paso del tiempo y de, si a alguien se le ocurre intentar recuperarlo, poner todos los medios necesarios (usando cuando les ha sido necesario de forma torticera y partidista las instituciones del Estado) para que la cosa no prospere. Con esto tampoco pretendo dar por buena la no menos importante cantidad de tropelías y barbaridades cometidas en nombre de un derecho tan importante (lo de importante no lo digo yo, lo dice la ONU) como es la autodeterminación de los pueblos, empezando, como no puede ser de otra forma, por el siempre execrable e injustificable terrorismo y acabando, por ejemplo, por la ruina económica a la que se ha visto abocada Catalunya debido a la progresiva conversión de su histórica e innegablemente legítima Generalitat en una especie de “pseudoestado” puesto desde el primer día al servicio exclusivo de la molt honorable burguesía catalana.

En resumen, más de 30 años después, cierta parte de la sociedad española sigue sin entender que, de la misma forma que el conjunto de España ha sido lo que los españoles hemos querido que sea (o al menos lo que nos han dejado), en Galicia, Euskadi o Catalunya también tenemos derecho (servidor, el que suscribe, es gallego) a que al menos se nos pregunte en serio qué es lo que queremos ser. Estoy seguro de que si se nos deja opinar con libertad y asegurando que elijamos lo que elijamos se acatará nuestra decisión, se reconocerá nuestra identidad y se nos permitirá defender de forma efectiva nuestros derechos, quizás la tan por algunos temida independencia no sería la opción ganadora en ninguno de los tres casos. Y si al final resultase serlo, pues estamos en nuestro pleno derecho de proclamarla como naciones plenas que somos (lo de tener idiomas propios no es invención nuestra de hace dos días, precisamente), será cuestión de negociar, que para eso somos personas civilizadas y se supone que vivimos en una democracia. Sin embargo, por desgracia, para el nacionalismo español más recalcitrante en este tema no hay negociación posible. Su único objetivo es recuperar a toda costa esa ilusión de uniformidad (que no es lo mismo que unidad, cualquier español con un mínimo de cultura sabe que España ni es ni nunca ha sido uniforme, pero que cuando ha sido necesario ha sabido mantenerse unida) que destilaban aquellas entrañables expresiones de “España, una. España, grande. España, libre”, “España una y no cincuenta y una” (algunos, después de leer e interpretar la Constitución a su manera, han mostrado incluso estar dispuestos a revivir aquello de “Caídos por Dios y por España, ¡presentes!” ante cualquier amago de autodeterminación) o “La religión oficial de España es la católica, apostólica y romana”. Y a colación de esta última perla, me asomo a la caverna para lanzarles la siguiente pregunta: si entonces aceptaban (y supongo que ahora siguen aceptando) con fe ciega aquello de que “Dios es uno y trino”, ¿qué les impide entender que España pueda ser una y varias a la vez? En el fondo, la idea es la misma. Por favor, háganse mirar su hipocresía y harán un favor a su querida “unidad de destino en lo universal”.

martes, 15 de noviembre de 2011

A quien madruga... patada en los cojones

Dicen el refranero español que a quien madruga, Dios le ayuda. Pues no sé si será porque no existe (o yo no tengo nada claro que exista, al menos como las religiones nos lo quieren vender), pero hoy no se ha cumplido esta máxima. Después de un par de meses de espera, hace unas horas recibí en mi buzón de Gmail la notificación de la resolución de las Becas de Colaboración en Departamentos para este curso académico. Al igual que el año pasado, "o carallo", "nothing", "res de res", "rien de rien"... o sea, nada. "Denegada por no alcanzar un número de orden que suponga derecho a ayudas en el departamento solicitado". Menuda forma más fina y enrevesada de que el Estado te diga que no vales para investigar, que, como un profesor de esta facultad dijo una vez a un colega de un amigo mío: "Tu expediente dista mucho de ser brillante".


Muchos diréis que ya está este hombre de vuelta con su "modo Jorge", y sí, lo estoy, como ya dije otras veces, el que no quiera leer que no lo lea. Para el que esté interesado, sigo. Esta vez me ha dolido especialmente, esta vez tenía esperanzas (y yo no soy de los que se hacen ilusiones a las primeras de cambio, me he llevado muchos palos en sólo 24 años de vida). Había hecho un buen 5º curso, con el colofón, además, de la matrícula de honor en Integración de Sistemas (en realidad gracias a mis compañeros de prácticas, yo simplemente era el que escribía las memorias, que para eso "soy de letras"), algo que me alegró mucho no sólo por la satisfacción personal en aquel momento, sino por el aumento de probabilidades que suponía de cara a obtener ahora esta beca.


Ahora me veo algo descolocado, enfangado en un proyecto más que farragoso, lleno de chapuzas y apaños, sin planificación (¡viva la Ingeniería del Software!) y con menos utilidad que una estufa en el Desierto del Sahara al mediodía; recién matriculado en un Máster que sí, es muy interesante, pero exige un nivel de conocimiento y trabajo que supera ampliamente mis otrora alabadas capacidades.


Quizás sea el momento de replantearse el futuro, bajarse del pedestal en que me puso el sistema educativo con sus "progresa adecuadamente", "situación muy destacada", "sobresaliente", "9", "10" o "Matrícula de Honor en el Bachillerato" y asumir que la Universidad no es para mí (quizás nunca lo fue...) y que mi verdadero puesto no está investigando o trabajando en HPC en un laboratorio o en una empresa, sino de picacódigo en una consultora cualquiera, formando parte de una cadena de trabajo que se supone que debe producir software, pero que en realidad sólo produce "picadillo chamuscado de informático".


Ahora mismo, si tuviese una máquina del tiempo, volvería a mayo del 2005 y en la lista de carreras de la preinscripción de la CiUG seguramente pondría alguna Filología o algo así, por lo menos no habría convertido mi mayor afición desde bien pequeño, la informática (a ver cuántos de los que están en la FIC usaban un PC de forma prácticamente autónoma a los 4-5 años...), en una de mis mayores fuentes de frustración y sufrimiento.


Y ahora me voy a comer, aunque hoy, como muchos otros días desde que estoy con el PFC, no me haya ganado ni un mísero vaso de agua.

viernes, 14 de octubre de 2011

Forgeons notre parti

El miércoles por la tarde, en menos del tiempo que duró el viaje entre Pontevedra y A Coruña, me leí "Indignez-vous", el ya tan famoso manifiesto de Stéphane Hessel. Digo "Indignez-vous" y no "Indignaos" porque, en un arrebato de gafapastismo, decidí comprar por Internet la edición francesa del libro.

Tenía preparados algunos comentarios acerca de los valores que defiende Hessel, de cómo las ideas surgidas en los debates políticos del Consejo de la Resistencia Francesa durante la Segunda Guerra Mundial intentaron influir en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de cómo el progreso hacia una verdadera democracia no se entiende sin una auténtica libertad individual... Desgraciadamente, la nueva interfaz de Blogger me jugó una mala pasada y perdí el borrador de la entrada donde había escrito mis reflexiones (básicamente pensé que hacía guardado automático, como la anterior versión, pero por defecto no parece ser así).

Para compensar, os dejo un vídeo que hace ya algún tiempo que vi y que me vino automáticamente a la mente nada más leer los primeros párrafos de la obra. Se trata de "Forgeons notre parti", himno de los comunistas canadienses (al menos de los francófonos, jeje):


La letra, en español, viene a decir algo más o menos así:

Los burgueses no son más que unos bandidos,
roban y matan a los trabajadores para tener beneficios.
Pero unidos como en un gran ejército
aplastaremos a la burguesía, nada nos puede parar.

Hermanos y hermanas de la clase obrera,
los capitalistas van a temblar ante nuestra cólera.
Como una masa nos alzaremos,
para romper para siempre las cadenas de la explotación.

¡Proletarios, forjemos nuestro partido!
Para dirigir nuestra lucha y vencer al enemigo.
El verdadero partido marxista-leninista,
para barrer a todos los traidores y los oportunistas.

Hermanos y hermanas de la clase obrera,
los capitalistas van a temblar ante nuestra cólera.
Como una masa nos alzaremos,
para romper para siempre las cadenas de la explotación.

En todas las ciudades, en todas las industrias,
de Montréal a Toronto, como en la Columbia,
nuestro canto hara palidecer a los ministros:
El canto de los obreros, ¡revolución socialista!